Señores asalariados: valoremos lo que tenemos.
En la actualidad, gozar de un puesto de trabajo fijo y estable debería considerarse un auténtico privilegio. Esto que digo, aun pareciendo obvio, es un hecho en el que no reparamos en su justa medida.
Entre los que nos encontramos en esta situación, es habitual escuchar conversaciones en donde las quejas y lamentos de nuestro quehacer diario inundan la tertulia. ¡Señores! Ocurra lo que ocurra; oigamos lo que oigamos de nuestros superiores (quienes los tenemos); aunque faltemos ciertos días por enfermedad; aunque lleguemos tarde a nuestro puesto de trabajo; etc., SIEMPRE recibiremos nuestro salario íntegro a final de cada mes.
Todo esto que expongo tiene un sólo motivo. Cuando entre nosotros surjan estas conversaciones, pensemos por un sólo instante en aquellos amigos y compañeros que no tienen trabajo. O en aquellos que mantienen un pequeño negocio como autónomos. A este último caso me quiero parar un momento.
El día que estos caballeros/señoras no abren al público, no hay ingresos. ¡Sencillamente! Todos tenemos amigos en esta situación, y al escuchar sus avatares normales diarios de sus negocios, entiendes que eres un completo privilegiado.
Se me viene a la cabeza una amiga (grandísima profesional y mejor persona) que entenderá perfectamente mis palabras.
Dejemos de una vez por todas nuestras quejas absurdas y valoremos en su justa medida a estos auténticos currantes.
